sábado, 5 de enero de 2013

Capítulo: Cierra mis ojos

Esta es la continuación del capítulo "Al fondo del pasillo":
http://defabs.blogspot.mx/2011/11/capitulo-x-al-fondo-del-pasillo.html

Asegúrese de escuchar la siguiente pieza como música de fondo mientras lee el relato:



Cierra mis ojos


El auto se detuvo frente al mirador. Lorna bajó incontenible con el alma escurrida y se aferró a la baranda. Desde ahí se observaba la ciudad y bajo la oscuridad la reminiscencia de sus millones de habitantes. La gran urbe tan indiferente y distante de su culpa y su desconsuelo. ¿Cómo se detiene el llanto después de una terrible pérdida?, ¿cómo se consuela a un ángel perdido cuando otro se ha marchado? Levantó la vista desafiante a la cúpula negra de puntos luminosos y profirió un grito que escoció su garganta. Después un gemido. ¿Rabia?, ¿incomprensión? Quizá sólo el atenazante sufrimiento. ¿Dónde estaba ella mientras Rodrigo agonizaba? Persiguiendo un sueño egoísta y antiguo, el único sueño que la había acechado con vehemencia. El único y recurrente deseo personal que había elegido. La certeza de ese ángel. Esa fue la respuesta. Y volvió con encono el llanto y el espasmo. La persecución de la culpa. Un ligero viento le acarició el rostro y difuminó la esencia esparcida sobre sus mejillas. Su respiración fue regulándose como orquestada por el viento compasivo y consolador. La ciudad y sus luces titilantes la hacían sentir más sola y absurda; fracasada. El velo húmedo que cubría sus ojos distorsionaba también su espíritu y avivaba los recuerdos anclados a Rodrigo. Lo sugerido, lo escuchado, lo dado y recibido, y un amor rechazado y recluido. Emergió un estoico suspiro, la evidencia de su desesperación muda e infinita. Cerró los ojos, los apretó tan fuerte como sus manos a la barrera. "¡Se lo prometí!", volvió a recriminarse. "Cierra mis ojos cuando muera", le pidió Rodrigo, y después de años de lucha y de espera, Lorna, el ángel comedido, no llegó a tiempo. Tantas preguntas aglutinadas en su dolorida mente. "¡Perdón...!", profirió casi inaudible. Entre su respiración y el llanto Lorna escuchaba el sonido de algún eventual automóvil sobre la autopista a su espalda, hasta que uno se detuvo y sus faros la iluminaron. ¿Cómo se consuela a un ángel perdido cuando otro se ha marchado? Lorna giró el rostro y ahí estaba él en pie, otro ángel sin alas con la mirada precisa y una esperanza en los brazos. El ángel que era causa de la culpa y del acuciante sueño de antaño.
Fabs
 

1 comentario:

  1. Es un hecho, no podré dormir pensando en la terrible tragedia del no poder llegar para decir adios.
    Saludos querida amiga.

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