viernes, 6 de enero de 2012

Una historia de librería


Me pareció verte en aquella librería. Sólo me lo pareció. No eras tú, evidentemente. Veías…, perdón, él veía una mesa de libros con gran interés. Me acerqué a los estantes contiguos para corroborar tu presencia. No eras tú, sólo el asombroso parecido. ¡Tanto! Mirabas…, perdón, él miraba la reseña de un libro que, a juzgar por su gesto no fue convincente y lo regresó a su lugar. Avanzó a la siguiente mesa y continuó mirando algunos otros. Yo me perdía en las novedades al lado opuesto. Tú…, él, con su mochila al hombro continuó buscando. Pedí los libros que necesitaba, identifiqué algunos otros que compraré después. Volví por el pasillo para buscarte y… te habías marchado. Perdón, se había marchado. Nunca notó mi presencia, nunca la notaste, ¿cierto? No existí para ti..., para él. Sonreí y pensé que debía escribirlo. Bajé las escaleras pensando en… nada, ya no importa. Te veré de nuevo en otra librería, sin que seas tú. Estoy segura. ¡Te he visto ya en tantos sitios!

Fabs