domingo, 27 de noviembre de 2011

Capítulo X. Al fondo del pasillo

Este es un ejercicio de lectura. Un capítulo más de una historia mayor que algún día concentraré. Para leerlo, asegúrese de hacerlo con la música de fondo que aquí inserto, ya que dicha melodía inspiró la historia. Si tiene audífonos, mejor. Cualquier sensación que le deje esta lectura, me gustaría saberla. Sea cual sea.


Gracias a Sara por compartirme esta música.


Capítulo X. Al fondo del pasillo


Lorna cruzó la estancia con inminente inquietud. Lo sabía. Había demasiada calma y rostros serios, tristes, punzantes. La mirada de la recepcionista le advirtió mientras se acercaba y su expresión le desgarró el alma. Corrió hacia el pasillo que conducía al cuarto de Rodrigo y se detuvo en seco. De su rostro marmóreo escapó un gemido y se apoyó en la pared para no caer. Respiró y avanzó lento para darse tiempo a sí misma. Para asimilar lo que ya sabía. Lo que presintió la noche anterior sin querer aceptarlo. Se lo reprochó. Tampoco sirvieron de nada las noches de preparación para ese momento. De nada. Sentía que el alma se volcaba y retumbaba en su cerebro y por sus venas mientras avanzaba lento por el interminable pasillo, el que había recorrido todos los días anteriores para llevarle esperanza. La agónica esperanza. El fondo del pasillo ahora le parecía inalcanzable. El fondo iluminado por la luz que escapaba de la puerta abierta de aquel cuarto de hospital. Como esperándola. Como anunciándole el final. Como explotándole un fracaso. Parecía que se acercaba a su propia muerte. Avanzaba agónica dando profundos suspiros y con los ojos fijos al final de lo aborrecible. No impedía que las lágrimas fluyeran ni detenía su camino. No las sentía, no se percataba ya de sus sentidos. La pena, la angustia, el enloquecedor dolor también se materializaba en la entrecortada respiración que escapaba por su boca ligeramente entreabierta. Parecía que la historia de aquel hombre la alcanzaba y la estampaba en las paredes obligándola a hacer pausas. Se sentía un ángel perdido. Un ángel absurdo; farsante. El ángel luminoso que había sido para Rodrigo parecía morir con él. Avanzaba y lo imaginaba tendido en la cama. Inerte. –Cierra mis ojos cuando muera– le pidió años atrás. Ella seguía avanzando y se preguntaba si sus ojos seguirían abiertos. Volvió la vista hacia el camino andado. La recepcionista y otros enfermos la miraban de lejos, apesadumbrados, compasivos. Caminó los últimos pasos y alcanzó la puerta de la habitación. Apoyó su espalda en la pared y se deslizó hasta el piso, como el llanto incontenible que cubría su cara y su alma. Miró hacia el interior de la habitación. Ahí estaba él, esperándola con los ojos abiertos.

Fabs

sábado, 26 de noviembre de 2011

La intermitencia del cursor

Decidí escribir… algo. Abrí una hoja de Word y me quedé mirando por algunos segundos el cursor titilante sobre el fondo blanco.

Pensaba escribir algo importante que anudé mientras conducía en la autopista y escuchaba música memorable. De verdad tenía algo importante que escribir. Y no pude. Y no supe cómo.

Y ahora… tras algunas pausas y tras seguir viendo el titilante cursor, caigo en la cuenta de que en realidad es sobre la intermitente ausencia/presencia sobre lo que deseo escribir, aunque aún no sepa cómo. Esa intermitente ausencia/presencia, como el cursor.

Sí. De eso quiero escribir y no sé cómo. Escribir sobre la intermitente continuidad. Sobre la intermitente decisión; la intermitente ilusión; la intermitente oportunidad; el intermitente sueño… y el olvido. La intermitente esperanza.

Concluyo que la ausencia/presencia del cursor mientras titila, es la latente manifestación de la intermitencia emocional. Concluyo que hay una canción de Silvio que ahora me vendría bien.

Fabs

Imagen tomada de:http://uploads.blogia.com/blogs/s/sa/sak/sakkarah/upload/20081203161635-pensativa.jpg