sábado, 23 de julio de 2011

Olvida partir

Tomado del Rubai’yat, escrito por Rumi. Místico islámico:

«Tu amor vino hasta mi corazón, y se marchó feliz. Después volvió, se puso los vestidos del amor, pero, una vez más, se fue. Tímidamente le supliqué que se quedase conmigo al menos por unos días. Él se sentó junto a mí y ya se olvidó de partir»...

jueves, 21 de julio de 2011

El regreso del hijo pródigo

Estoy leyendo uno de los libros más sustanciosos y hermosos que han pasado por mis manos: "El regreso del hijo pródigo", de Henri Nouwen. Totalmente recomendable.

Dejo aquí un fragmento de mis favoritos:


El regreso del hijo pródigo - de Rembrandt

¿Puede el hijo mayor que está en mi interior volver a casa? ¿Puedo ser encontrado como lo fue el hijo menor? ¿Cómo puedo volver cuando estoy perdido en el rencor, cuando estoy atrapado por los celos, cuando estoy prisionero de la obediencia y del deber, vividos como esclavitud? Está claro que yo sólo no puedo encontrarme. Es mucho más desalentador tener que curarme de mis rasgos de hijo mayor que de los de hijo menor. Enfrentado aquí con la imposibilidad de la autorredención, ahora entiendo las palabras de Jesús a Nicodemo: «Que no te cause, pues, tanta sorpresa lo que te he dicho: «Tenéis que nacer de nuevo.» (Jn 3,7) Es decir, algo tiene que ocurrir que yo no puedo hacer que ocurra. Yo no puedo volver a nacer; es decir, no puedo hacerlo con mis propias fuerzas, con mi mente, con mis ideas. No me cabe ninguna duda de todo esto porque ya intenté en el pasado curarme yo solo de mis rencores y de mis quejas y fallé... y fallé, hasta que estuve al borde del hundimiento, incluso del agotamiento físico. Sólo puedo ser curado desde arriba, desde donde Dios actúa. Lo que para mí es imposible, es posible para Dios.

«Para Dios nada hay imposible.»