viernes, 6 de mayo de 2011

Dos ánforas

Cuando nacemos nos dotan con un par de ánforas. Una contiene lágrimas para la felicidad, y otra, lágrimas para el dolor. Quizá la cantidad vertida en cada ánfora es distinta por persona. Cada individuo se enfrentará a situaciones que requerirán un poco más de una ánfora que de otra. O quizá por partes iguales.

Además de nuestra perfecta constitución física con su equipamiento de cinco sentidos, podemos desahogar con manifestaciones físicas, aquello que detona en lo intangible, en el alma, en el espíritu. Las lágrimas, sin duda son invaluables. Las ánforas, un objeto de lujo. Los acontecimientos que nos llevan a utilizarlas, nos forjan, nos templan, nos constituyen.

Recurrimos a nuestras ánforas en el transcurso de la vida. A veces sorprendentemente felices, otras, profundamente desgraciados. Pero en otras ocasiones, somos amasijo de alegría y de tristeza a la vez, y tomamos lagrimillas de un ánfora para mezclarlas con lagrimillas de la otra. Como cuando un ser querido muere y nos duele su partida, pero también nos reconforta su descanso y que se ha ido en paz.

Supongo que hay ciertas reglas para el uso de las ánforas. Quizá la principal, es que está prohibido volver a Dios si alguna de estas ánforas no está vacía. Mi Abue vació por completo sus ánforas y ha vuelto al cielo hace un par de días.

Pienso que allá, en el cielo, las lágrimas no tienen cabida. Pero podría equivocarme. Quizá la felicidad infinita también demande algún tipo de lágrimas, aunque tal vez muy distintas. Ojalá algún día pueda saberlo, cuando haya vaciado mis propias ánforas. O quizá me lo diga mi Abue, que ha partido en paz y gozará de la felicidad infinita.

Descansa en paz, abuelita Chelo.
Fabs

3 comentarios:

  1. Van unas lágrimas de mis ánforas... por tu abue... y por ti... por tu tristeza y por tu felicidad :]
    Un abrazo :]

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  2. Muchas gracias UCH. Ya estoy de vuelta.
    Saludillos,
    Fabs :)

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