lunes, 30 de mayo de 2011

Señor Dios soy Anna - resumen.

Del libro "Señor Dios soy Anna". Cuatro aspectos de especial disfrute:


1. Somos el reflejo de Dios. Como en un espejo. Estamos en el lado NO y Dios en el lado SÍ. Llegamos a él a base de llenar con cosas positivas, nuestros agujeros negativos.

2. A Dios se le encuentra en cualquier lugar, incluyendo los laboratorios científicos. Siempre he creído que la religión y la ciencia, son lo mismo explicado de diferente manera y orientado en principio para distintos públicos. Al final, es lo mismo en un “lenguaje” distinto.

3. Las horas nocturnas son mejores. Te estiran el alma hasta las estrellas. Las estrellas las estrellas rompen la prisión que es una caja, nuestra casa, y dejaban errar la imaginación. “Hay que salir a ver”. Las tertulias con la gente de la noche. 

4. Y cierro con esto. Mi párrafo preferido:

“No dejes nunca que nadie te despoje de tu derecho a completarte. La luz del día es para el cerebro y los sentidos, la oscuridad para el corazón y los talentos... Nunca, nunca tengas miedo. Algún día el cerebro podrá fallarte, pero el corazón no”.

Fabs

domingo, 22 de mayo de 2011

Por verte feliz

‎"¿Qué pasa, señor? Cuéntamelo y alinearé al sol y a la luna si eso mitiga la pena que te aflige".

Hermosa frase, ¿no? Fue dicha por un subdito a su rey. Dicho por Othman al sultán Babybars, en "El contador de historias" de Rabih Alameddine.

Equivaldría, entre otras opciones, a un "haría lo que fuera por no verte triste", o "haría lo que fuera por verte feliz". Frases que podrían ser dichas por cualquier persona hacia cualquier otra.

Fabs

jueves, 19 de mayo de 2011

El reproche / Le reproche

Dos versiones del mismo reproche. ¡Lo que puede ocasionar ver una cadena de noticias!
Si algo expresé mál en francés (lo más probable), le agradeceré la corrección. ¿Por qué también en Francés? Porque es retelindo :) 


 
 
Y me pierdo en una avalancha de noticias; desespero. Siempre malas, o más malas que buenas, o podridas. Y de ti no hay una, ni una sola para mitigar la espera; la inmundicia.

Et je me perds dans une avalanche de nouvelles. La désespérance. Les grands maux, ou plus maux que bons. Et à propos de toi, pas de nouvelles. Il n'ya pas un seul motif pour sourire.

Fabs

martes, 17 de mayo de 2011

Oú est tu?


Oú est tu?
Tu, le plus important.
La razon.
La vie.
La lumiere.
Mon bras.
Le courage.
La émotion.
Tout.
Oú est tu?

Fabs

Conversar


Algunos días se antoja conversar de cosas profundas y de otras sin sentido.

O de cosas profundas que no tienen sentido.

O del sinsentido, en sí.

O de las faldas de un monte y del resplandor de la luna en un pantano.

O del amor.

De ti.


Fabs

domingo, 15 de mayo de 2011

La lectura y mis sobrinas :)

Yo leía “El contador de historias”, recostada sobre mi cama. Llega mi sobrina de 10 años y la invito a leer. Ella va por su novela “Viaje al centro de la tierra” y se acomoda junto a mí. Leímos en silencio unos minutos hasta que se asoma a la recámara mi sobrina de 6 años, que está aprendiendo a leer. La invitamos a que lea con nosotras. Ella va por su libro. Su bello libro de fábulas, refranes, canciones, adivinanzas, etc.



Por algunos minutos las tres leemos en silencio, hasta que la pequeña no puede evitarlo y comienza a practicar en voz alta. Mi sobrina mayor y yo paramos nuestra lectura para poner atención a la menor. Yo me sentía feliz por esos minutos compartiendo con ellas una de mis pasiones. Esa espontanea tertulia me pareció el momento más mágico del día con mis sobrinas, y deseo que poco a poco abracen más y más la sublime práctica de convivir con los libros.

Fabs

martes, 10 de mayo de 2011

Capítulo N. Ella, un ángel.

Hace algún tiempo compré un CD de música clásica. En el trayecto a casa, lo puse en el estéreo del coche y brinqué a la segunda pista: Vals en La Menor de la Op. 34 No. 2 de Chopin. Comenzó y robó todos mis sentidos, toda mi atención. Fue un detonador. De esas musas que de inmediato ponen una historia en la cabeza y al llegar a casa comencé a escribir.
En este blog deseo compartir el resultado. Si está dispuesto a leerlo, déjeme intentar envolverlo en el fondo inspirador y, como primer paso, vaya al siguiente link para escuchar como fondo musical de la lectura, esa pieza inspiradora. Repítala si es necesario para que le acompañe hasta el final del texto. Después, si algún efecto tuvo este ejercicio, me encantaría saberlo.Muchas gracias por detenerse y leer:

Música:

Capítulo N. Ella, un ángel.

Entramos en la casa. Yo la seguía a cierta distancia para no interferir en su asombro. Me percataba de cierta fascinación en su rostro mientras miraba de un lado a otro cada detalle en el trayecto a la estancia.

–Esta casona es hermosa y… ¡el piano! –dijo efusiva y volteó para mirarme. Me concedió su amplia sonrisa hasta ese momento reservada.
–Es de mi padre –aclaré levemente hipnotizado.
–Lo sé.
No dijo más y se acercó al piano para acariciarlo.
–Sí, me imagino. Por las historias que debió contarte el viejo, quizá conoces la casa entera con todo y escondrijos.
–Algo así –sonrió y se sentó en el banquillo frente al cansado instrumento.
–¿Te ofrezco algo de tomar?
–No, gracias, estoy bien.
Respondió sin mirarme y sin dejar de palpar el piano; sólo sus ojos sonreían.
–Entonces te dejo un momento. Subiré al estudio por los documentos de la asociación para que podamos revisarlos.

No se molestó en contestar, ni en asentir, ni en nada. Sólo contemplaba el piano.
Me encaminé hacia la escalera y me detuve un poco antes de subir. Volteé para mirarla sin que ella se percatara. Parecía hechizada por el piano. Sin el traje sastre que le daba esa apariencia de ángel ejecutivo, lucía aún más hermosa y menos inalcanzable. Subí aprisa y tomé los documentos del librero para enfilarme impaciente escalera abajo pero, a punto de pisar el primer escalón, escuché el sonido del piano y me detuve en seco. Conocía esa melodía, un vals de Chopin. La tocaba mi padre cuando yo era niño. Me sentaba junto a mi madre en la escalera para escucharlo. Parecía que el viejo piano, el que hacía tantos años nadie tocaba, la esperaba a ella. Me planté inmóvil aferrado al barandal, alimentando el alma. Aquella esencial melodía impregnó de un sentimiento antiguo y místico toda la casa; mi casa, la exterior, la interior. El ángel de ojos profundos era música también.

Como sacudido de un letargo, decidí bajar despacio sin hacer ruido, sintiéndome de nuevo un niño y, me detuve en la puerta de la estancia mientras la observaba de perfil. Me parecía distinguir un halo luminoso a su alrededor. Ella paseaba sus manos de mármol, largas y delgadas sobre las teclas. Cerraba los ojos, movía la cabeza y combinaba la expresión de su rostro con la música; consistente. Parecía una con el piano y, por momentos, dolerse también de algún recuerdo.

Algo me estallaba adentro. Los recuerdos o esta mujer… ¡mujer infinita! Mujer que me recordaba con sus manos danzando sobre el afortunado pero inconsciente piano, que yo era capaz de sentir. ¡Mujer! Mujer que con este gesto se convertía en un ángel… de nuevo.

Terminó de tocar y volteó para mirarme. Sabía que yo estaba ahí, inmóvil, de pie en algún sitio y con el alma triturada.

-Gracias… yo… no sé qué decir.
Fue lo único que logré articular. Ella me miraba con ternura, pero no le sorprendía mi reacción. La esperaba.
–Lorna, sabes lo que significa esa pieza para mí, ¿cierto?
–Lo sé –dijo de inmediato.
Evitó que yo explicara algo dulce y amargo, doloroso. Luego se levantó y avanzó despacio hacia mí.
–Tu padre la toca con frecuencia y, al terminar, suele decir algo como esto: “Esa melodía me recuerda a mi hijo. Algún día lo conocerás, Lorna, ¡tienes que conocer a Juan! ¡Es un muchacho sensacional!”.
Pronunció aquello imitando la voz del viejo y me arrancó una casi imperceptible sonrisa.
–Entonces... –continuó– sus ojos se llenan de luz y de una ligera tristeza también. Así, como los tuyos ahora.
Yo aún tenía esa melodía incrustada en mi cerebro. Sentí una punzada en el pecho y un infantil nudo en la garganta a punto de asfixiarme.
–No es malo llorar, Juan –remató Lorna.

Yo seguía inmóvil con la mirada perdida en el piano. Con los puños ligeramente apretados y también las quijadas, viajando todavía al pasado, a la escalera junto a mi madre contemplando a mi padre mientras tocaba el piano. Cerré los ojos para escurrir el alma. Lorna me abrazó como si me conociera de siempre. Al fin y al cabo de alguna forma era así. Me conocía de siempre gracias a mi padre. Parecía que su abrazo me liberaba del amargo rencor que sentí por él en la infancia. La abracé con angustia, con ansias, como si la conociera también de toda mi vida. Ahí estaba ella, otro ángel sin alas; el mío. Por unos instantes un ángel sólo mío. Con las palabras precisas, con el abrazo perfecto.

–Lo planeaste, ¿no es así? Me refiero a este momento –cuestioné casi seguro de su respuesta y sin dejar de abrazarla.
–Lo planeé hace años, sí. Aprendí a tocar el piano con esta intención.

La abracé más fuerte. ¿Por qué tomarse tantas molestias? Tanto tiempo preparándose con la intención de apenas unos minutos. Apenas un instante de mi pasado pero… ¡cuánto valió la pena! Ya no sabía si lloraba por mi padre o por ese gesto de cariño, o de humanidad. Me sentí culpable por mis celos hacia Lorna cuando la creía más hija de mi padre que yo.

–¿Por qué asumir esta misión? La de acercarme a mi padre –cuestioné apartándola un poco de mí para poder mirar su rostro.
–Por ti –dijo despacio.
Le era difícil sostener mi mirada o mi cercanía.
–Por tu padre que ha sido como mi padre –continuó tratando de vincular esa idea con la anterior– y… porque te aprecio desde siempre. ¡Tanto! Gracias a él. Crecí escuchando hablar de ti, de tus logros académicos, artísticos, deportivos…, en fin. De tu integridad, de tu inteligencia y también de tus locuras –sonrió con un dejo de melancolía–. “Lorna, tienes que conocer a Juan”, insistía tu padre una y otra vez. ¡Ven, sentémonos!

Y escapó de mis brazos para conducirme a la sala. Yo comenzaba a aborrecer la idea de que aquella mujer me veía como a un verdadero hermano.

–A veces me sentía motivada por tus triunfos. “¡Debo esforzarme! Seguramente Juan dominaría este idioma fácilmente”. Me presionaba yo misma.
–Me alegra que no supieras cuánto me disgustaban las clases de idiomas –aclaré el punto y reímos.
–Sí, también me alegro –sonrió encantadora.
–Me admirabas aun sin conocerme –dije con la intensión de mirar un poco en sus sentimientos.
–Sí, y no estaba equivocada. Ahora te conozco y me parece que debí admirarte más.
–¡No, no sigas! Comienzo a sentirme incómodo y estás siendo demasiado generosa.
Se hizo una pausa. Yo paseaba mis ojos discretamente entre los suyos y sus labios.
–Lamento tanto no haberte conocido antes. Me sentía celoso por tu cercanía con mi padre. Debo admitirlo.
–Ya no tiene importancia. Era normal dadas las circunstancias. Tu padre es todo lo que tengo. Es un hombre excepcional, ¿no crees?
–Agradezco tus esfuerzos por hacerme ver que el viejo es un gran hombre, y que no debo guardarle rencor. Ya lo he perdonado Lorna, hace mucho tiempo. Pero es difícil desarraigar ciertos sentimientos y recuerdos de un día para otro. Quizá nunca nos liberamos totalmente de ellos.
Se hizo otro silencio y nos miramos de fijo. Ahí, sentados uno junto al otro y con la respiración un poco desencajada.
–Me alegra que estés aquí, Lorna. Agradezco que estés aquí… a la vida.

Me acerqué a ella muy lentamente, sin saber qué fuerza sobrehumana contenía mi impulso por besarla. En mi alma agradecí también infinitamente a mi padre por enviarla a mi lado. Él lo sabía. Yo estaba seguro que mi padre sabía el trasfondo que esta mujer le daría a mi existencia. ¡Qué cerca de mí estaba ella! Sus ojos lo derrumbaban todo. Mi voluntad, mi fuerza. Le acaricié el rostro, la embebí en mis ojos a detalle para no olvidarla nunca.

–¡Ya es tarde y… tengo algo que hacer!
Se levantó repentinamente y buscó su bolsa. Huyó.
–Pe… pero, ¿a esta hora? Tú lo has dicho… ya es tarde. ¿Adónde vas?

Fabs


Mamá y Papá

NO HAY UN LUGAR NI UN MOMENTO EN EL QUE ME SIENTA MÁS A SALVO, QUE CUANDO MI MADRE ESTÁ CERCA Y ME TOMA LA MANO. NO HAY VALOR MÁS GRANDE, NI SERENIDAD MÁS CALLADA Y AMOROSA, QUE LA QUE IRRADIA MI PADRE. AMBOS SON PADRE Y MADRE. AMBOS COMPLEMENTAN MI VIDA. AMBOS SON SERES LUMINOSOS. LOS SERES QUE MÁS AMO EN LA VIDA.


FABS

lunes, 9 de mayo de 2011

Las cosas como son

Me traje estas conversaciones de cierto libro que leyó Cesar-Lalo y luego las compartió en facebook. Me causaron mucha gracia, a ver qué les parece. Ese Moc me cae muy bien, jajajaja.

(Tercer llamado.)


Teléfono: —Ring ring...
Moc: —¿Sí?
Señor: —¿A qué teléfono estoy hablando?
Moc: —Al que está en su casa.
Señor: —No. Quiero saber con qué teléfono me comuniqué.
Moc: —¡Ah! Con el que está en mi casa.
Señor: —Sí, pero yo le estoy preguntando quién es el abonado.
Moc: —El dueño de una línea telefónica.
Señor: —¡Ya sé! Pero, ¿quién vive ahí! ¿Quién me atendió?
Moc: —Yo.
Señor: —Pero... ¿¡Quién es usted!?
Moc: —El abonado.
Señor: —Óigame, ¿usted es gracioso o se hace el gracioso?
Moc: —¿Se refiere a si soy realmente gracioso o sólo simulo serlo? ¿O bien, a si mi
gracia es espontánea, o la voy pensando?
Señor: —¡Váyase al diablo!
Moc: —¡...!
Señor: —¡Click! Tut tut tut...
Moc: —(Cuelga). El diablo no es un lugar.

(Cuarto llamado.)
Teléfono: —Ring ring...
Moc: —¿Hola?
Señorita: —¿Con la casa del señor Moc?
Moc: —No, con el señor Moc.
Señorita: —¿El señor Moc, por favor?
Moc: —¿Sí?
Señorita: —Digo... ¿Se encuentra él?
Moc: —Nunca me perdí a mí mismo.
Señorita: —¿Hablo con el señor Moc?
Moc: —En este momento sí.
Señorita: —Bien, le hablo para avisarle que ha recibido un premio.
Moc: —No es cierto.
Señorita: —¿Cómo no?
Mc: —A mi casa no ha llegado nada.
Señorita: —No, me refiero a que usted ha sido premiado y lo llamo para eso.
Moc: —¿El premio era una llamada?
Señorita: —No, la llamada es para darle la noticia.
Moc: —¿Era un premio o una noticia?
Señorita: —Quiero decir... lo llamo para comunicarle esa noticia.
Moc: —Bien...
Señorita: —...
Moc: —...
Señorita: —¿Perdón?
Moc: —Démela, déme la noticia.
Señorita: —La noticia es el premio.
Moc: —El medio es el mensaje.
Señorita: —¿Qué?
Moc: —Usted dijo una frase y yo respondí con otra.
Señorita: —¿No me va a preguntar de qué se trata?
Moc: —¿Quién?
Señorita: —El premio...
Moc: —¿Está en tratamiento?
Señorita: —... Disculpe, estoy un poco confundida, ¿puedo hablarle en otro momento?
Moc: —Sólo si marca mi número.
Señorita: —Ssí, gracias.
Moc: —No, gracias a usted.
Señorita: —Al contrario.
Moc: —Usted a gracias, no.
Señorita: —¡Click! Tut tut tut.

¡Es genial! :)
Fabs

domingo, 8 de mayo de 2011

Del romance y la subsistencia del amor


Cuando veo parejas tan auténticas, tan enamoradas después de los años, sigo creyendo. Creyendo que el amor existe y subsiste.

Admiro profundamente a quienes construyen el romance día con día, y hacen que el amor más frágil, el amor de pareja, permanezca vigente y se fortalezca.

Considero que la vida en pareja, en familia, es el proyecto de vida más grande. El más importante.

Fabs

Imagen tomada de: http://desdemiazotea.scoom.com/files/2009/09/enamorados-charca.jpg

viernes, 6 de mayo de 2011

Dos ánforas

Cuando nacemos nos dotan con un par de ánforas. Una contiene lágrimas para la felicidad, y otra, lágrimas para el dolor. Quizá la cantidad vertida en cada ánfora es distinta por persona. Cada individuo se enfrentará a situaciones que requerirán un poco más de una ánfora que de otra. O quizá por partes iguales.

Además de nuestra perfecta constitución física con su equipamiento de cinco sentidos, podemos desahogar con manifestaciones físicas, aquello que detona en lo intangible, en el alma, en el espíritu. Las lágrimas, sin duda son invaluables. Las ánforas, un objeto de lujo. Los acontecimientos que nos llevan a utilizarlas, nos forjan, nos templan, nos constituyen.

Recurrimos a nuestras ánforas en el transcurso de la vida. A veces sorprendentemente felices, otras, profundamente desgraciados. Pero en otras ocasiones, somos amasijo de alegría y de tristeza a la vez, y tomamos lagrimillas de un ánfora para mezclarlas con lagrimillas de la otra. Como cuando un ser querido muere y nos duele su partida, pero también nos reconforta su descanso y que se ha ido en paz.

Supongo que hay ciertas reglas para el uso de las ánforas. Quizá la principal, es que está prohibido volver a Dios si alguna de estas ánforas no está vacía. Mi Abue vació por completo sus ánforas y ha vuelto al cielo hace un par de días.

Pienso que allá, en el cielo, las lágrimas no tienen cabida. Pero podría equivocarme. Quizá la felicidad infinita también demande algún tipo de lágrimas, aunque tal vez muy distintas. Ojalá algún día pueda saberlo, cuando haya vaciado mis propias ánforas. O quizá me lo diga mi Abue, que ha partido en paz y gozará de la felicidad infinita.

Descansa en paz, abuelita Chelo.
Fabs