viernes, 22 de octubre de 2010

Una historia comunitaria...

Capítulo N

Capítulo no sé cuál de no sé cuántos, a las afueras de una ciudad, el D.F. probablemente, digamos... sobre la autopista a Cuernavaca.





A un lado de la autopista cerca de su automóvil, se encontraba Hatie mirando el acantilado. Sólo los faros del vehículo, las esporádicas explosiones y los relámpagos a lo lejos, rompían la oscuridad. Otro auto se emparejó al suyo sin que esto la sobresaltara. Ni un parpadeo, ni un gesto. Un hombre bajó del auto y corrió hacia ella; lo esperaba.


–¡Disculpa! ¿Tienes mucho aquí? –Fernando se detuvo muy cerca de Hatie junto a la barrera de contención.
–No, descuida, sólo un par de minutos –contestó Hatie, mientras giraba el rostro sin prisa. ¿Y los lentes? –Preguntó con cierta sorpresa y sonrió.
–¡Ah! Los perdí en el trayecto. ¡Alto! Sé lo que dirás… ¡Cómo es posible que uses lentes! ¡Ya nadie los usa! –Imitó con gracia la voz de Hatie y ella sonrió.
–Sí sí... está bien, no es necesario repetir los argumentos, pero justo ahora cuando más necesitaras de ellos… –Hatie suspiró resignada–. ¡En fin!

Se congeló la escena algunos segundos, hacía mucho tiempo que no se atrevían a mirarse a los ojos. Meses atrás se encontraron en la base de pruebas, pero su trato fue estrictamente profesional. No hablaron más, había llegado el momento, era su misión y debían cumplirla, pero algo en su interior los empujaba, pedía un intento, lo tenían pendiente hacía muchos años. Pronto los ojos de Fernando miraban ahora los labios de aquella mujer mientras se acercaba un poco más, sólo un poco más y podría besarlos. Apenas un breve rose, ella cerró los ojos y…, una súbita explosión en el acantilado rompió el silencio, la oscuridad y aquél intento. Nada, otra vez nada.


–¡Vamos! –Apuró Hatie–. Si esperamos más tiempo las explosiones bloquearán la salida y tampoco habrá forma de regresar.
–Sí... démonos prisa. –¡Estúpida explosión! Pensaba él mientras ocupa el lugar del conductor–. ¿Llamó Will?

–Hace un momento, están en el portal. Los gringos autorizaron la estrategia y debemos alcanzarlos.

Fernando marcó una ruta en el tablero y los paneles superiores se iluminaron. El vehículo arrancó y Hatie abrió algunos documentos en la computadora.



–Aquí está, es el plan de Williams. Llegando al portal nos llevarán al “campo” –anunció Hatie, que conocía de sobra la estrategia a seguir.
–¿Estás segura de esto?
–Sí. Creo en ello. ¿Tienes dudas?
–No. Creo en ti –la miró de nuevo, ella se turbó– y… también creo en todo esto sea lo que sea. Ajusta tu cinturón, probaremos si corre tanto como dice Williams.

El vehículo hizo una pausa muy breve y aceleró hasta perderse entre los relámpagos.


Continuará…

Imagen tomada de:http://gallery.passion4art.com/members/tonino/AUTOPISTA.jpg