sábado, 22 de mayo de 2010

¿Qué diremos?


Me abrocho el cinturón de seguridad bajo encomienda de la azafata. Volteo a mi izquierda e identifico a mi compañero de asiento que se dispone a dormir. Lamento que él esté en la ventanilla y que ninguno de los dos disfrutará el paisaje.

Algunas filas adelante, una mujer provocativamente vestida seduce a su joven compañero de asiento. Ella se ha hecho notar desde que arribó a la sala de espera; todas las especies se engalanan de una forma u otra para llamar la atención, reflexiono. ¿Cuál es mi forma de llamar la atención?, me pregunté. Vienen a mi cabeza un par de cosas pero… no, no son las mismas estrategias de aquella mujer voluptuosa y de apariencia notable.

En la fila de atrás, un sacerdote anima a un joven para que visite con mayor frecuencia a su esposa e hijos. La turbulencia mueve el pequeño avión y mi temor y mis creencias religiosas, agradecen que a bordo, justo detrás de mí, se encuentre aquel hombre de Dios.

Me tranquilizo y me concentro en un par de temas para mi clase de la tarde. Repaso mi check list mental y extraigo algunas hojas de mi bolso para repasar durante el vuelo. En el par de asientos a un lado mío, viaja una pareja adulta. De nuevo reflexiono y me admiro de las relaciones que prosperan y, vuelvo a mis hojas de repaso.

No veo la tierra pero sí las nubes. Vuelo yo misma dentro de mí. ¿Cómo estás? Desearía saberlo. Pienso que quizás un día me toparé contigo en algún aeropuerto y… ¿qué diremos?

Sí, te echo de menos.

Fabs

Imagen tomada de: http://us.123rf.com/400wm/400/400/adamgregor/adamgregor0907/adamgregor090700007/5216114.jpg

4 comentarios:

  1. el periquito de enmedio (asiento 4B)22 de mayo de 2010, 23:05

    Te comparto, quizá para tu siguiente novela.

    ...cómo pocas veces fue muy rápida la revisión; no me pidieron quitarme los zapatos de nuevo, el vuelo estaba ligeramente retrasado y quizá por eso la revisión fue muy ágil. Nos sentamos en la fila 4, lugares B y C. Siempre preferimos estar más cerca del pasillo, es más práctico, aunque los paisajes que te regala la ventanilla cuando el cielo está claro, me recuerdan la emoción que sentía de niño cuando tenía la gran fortuna de subir a un avión y poder ver el mundo desde otra perspectiva.

    En la ventanilla, junto a nosotros, un hombre extranjero, de tez morena, ojos muy profundos y oscuros; de semblante muy serio, incluso malencarado, adusto. Parece no tener amigos.

    Algo pasa por su mente, está concentrado en una idea; rechaza el servicio de alimentos que amáblemente le ofrece la azafata. Casi no voltéa. Cuando puedo, le sonrío, pero él, evita que crucemos miradas.

    De pronto, toma un pequeño maletín de mano buscando algo. Extrae de él un libro y comienza a leerlo, no sin antes hacer algún movimiento que me resulta extraño. De reojo trato de mirar el texto, pero no logro identificar letras, pues en efecto, no las hay. En su lugar aparecen otros símbolos.

    Se trata del Corán. El hombre está orando. Las horas pasan y de pronto el miedo se empieza a apoderar de mi; la revisión en el último punto de seguridad fue muy rápida, no tuve siquiera que quitarme los zapatos...

    Estamos por llegar y empiezo a pensar en lo que sucederá en los siguientes minutos. No sé que pasará. Justo voy a Detroit, dónde hace unas semanas hubo un intento de atentado en un avíon de Northwest, la línea en la que ahora viajo. Voy a visitar a mi hijo.

    A raíz del frustrado atentado, las medidas de seguridad se han reforzado y nadie debe levantarse de sus asientos en la última hora del vuelo. De pronto, el hombre a mi lado guarda su libro, se levanta, y de forma precipitada y con claro nerviosismo, pasa entre nuestras piernas para llegar al pasillo. Lleva su maletín en la mano.

    Pienso en mi hijo que me espera, en mi hija que se ha quedado en México, y en mi esposa, que junto a mi, no se ha percatado del todo de la situación. Había dormitado durante todo el vuelo tomada mi mano, la cual apretaba ligeramente cuando había alguna turbulencia.

    El comportamiento extraño del hombre me hace pensar lo peor.

    Se mete al baño. Estoy a punto de levantarme tras él, o de ir en busca de la azafata, pero ¿qué le puedo decir?. Decido esperar. Pasan los segundo que pronto se convierten en minutos. Estamos por aterrizar, así lo anuncia el piloto, dando además los pormenores del clima invernal que nos espera en Detroit. Es febrero.

    No se respetó la regla. El hombre se puso de pie y fue al baño en la última hora de vuelo. La azafata, que recorre los pasillos para ajustar los asientos y verificar que nos hemos abrochado el cinturón de seguridad, se percata de su ausencia. Le hago una seña para indicarle que el hombre está en el baño.

    Ella se acerca y toca la puerta mientras aterrado observo la escena. Mi mente imagina el momento en que ésta se abrirá, la mujer será sometida y de allí se dirijirán a la cabina, ¿habrá otros más?. Volteo a mi alrededor buscando a otros hombres como él: morenos, de ojos profundos y oscuros, pero no alcanzo a distinguir a nadie con tal fisionomía. Quizá actúe sólo.

    ¿Qué debo hacer si mi premonición se cumple?, me pregunto una y otra vez...

    El hombre abre abruptamente la puerta. La mujer se asusta ante el ruido y la velocidad y urgencia con la que el hombre sale del baño. El pequeño maletín, sostenido por su mano izquierda, está entreabierto y el hombre tiene la mano derecha dentro de él. Pienso lo peor.

    El avión se sacude fuertemente; mi esposa despierta, no se si para volver a dormir, quizá para siempre...

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  2. ¿Y luego y luego? ¡Ah, me has dejado en suspenso! ¡Me tienes que contar en qué terminó la aventura! ¡Qué susto!
    Y sí, me gustó para una novela, gracias por compartir esa anécdota =).
    Fabs

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  3. orales vaya historia la de el periquito, me dejo en ascuas, por favor que termine la historia, que ya me imagine a todos volando en pedazos pero tambien me imagine al hombre sacando algo hermoso de su maletin.
    Por favor que termine esa historia.

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  4. ¿Verdad que sí? Insisto... debe contarnos el final. Espero que las hadas lo motiven pronto a terminar su relato, que dicho sea de paso, está "suspensiosamente" motivante.
    Saluditos, Fabs.

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