viernes, 4 de mayo de 2012

Desde el alma

Fragmento de la novela "Por un pedazo de la eternidad", de Arturo Lule. Me ha parecido magistralmente hermoso y conmovedor:

"No sé dónde iniciaste, dónde te perdiste ni dónde están tus límites hechos jirones. ¿Será que el trato llano nos ha desgastado? Nunca alcancé, y me lamento, ese cuerpo tuyo vivo y esa boca que es nacimiento de la voz que quiero. Tanto soñé contigo, que mis brazos se acostumbraron a abrazar el aire delgado de la separación que fue también un lazo entre nosotros pero nuca pude, y me lamento, adaptarlos al contorno de ese cuerpo tuyo vivo.   Tanto he soñado contigo, que me resulta inexplicable despertar. De pie he dormido y apariencias que se me han ofrecido de obsesiones y erotismo, y tú eres la única y me lamento, que cantó para mí.
Lejos de la razón, así mismo de la cordura, más allá de mí mismo, más allá de estas coincidencias, esta terminación tras la sombra de líquidas estrellas en tus pupilas. Me persigue la separación, me alcanza, y me lamento, me fallan los tiempos, me derrumbo, me sujeta el brazo y acorrala a la mitad de mis párpados por encima de la noche magra oculta en los rincones tomada de la ventana inquieta sin verdadera presencia, angustiada, me llama abajo y veo los visillos de una luz que tras ellos se oculta. Solamente una sombra al sur y en la sombra no estarás nunca tú".
¡Uy! ¡Wow!
Fabs
 

sábado, 24 de marzo de 2012

Final



Paralelos. La espera es infinita.
Ya de lejos lo asimilo. Ya de lejos.
Debatí con la tristeza y la melancolía,
debatí, y estoy cansada; rendida.
Fabs

domingo, 11 de marzo de 2012


Así te amo - de José Alejandro Martínez Durán




Así te amo

Nace en mi pensamiento
el deseo necesario de recordarte así,
en cada momento,
en cada instante,
y de extrañar tu sonrisa,
segundo a segundo.

Ojos negros llenos de misterio
que inundan mis entrañas,
líbrenme de toda culpa.
No queda entonces más tiempo,
sólo el suficiente para enamorarme de ti,
en silencio,
y de tomar en mis manos
estas viejas palabras usadas
para darle un nuevo sentido,
una nueva voz que diga:
Te amo.

viernes, 6 de enero de 2012

Una historia de librería


Me pareció verte en aquella librería. Sólo me lo pareció. No eras tú, evidentemente. Veías…, perdón, él veía una mesa de libros con gran interés. Me acerqué a los estantes contiguos para corroborar tu presencia. No eras tú, sólo el asombroso parecido. ¡Tanto! Mirabas…, perdón, él miraba la reseña de un libro que, a juzgar por su gesto no fue convincente y lo regresó a su lugar. Avanzó a la siguiente mesa y continuó mirando algunos otros. Yo me perdía en las novedades al lado opuesto. Tú…, él, con su mochila al hombro continuó buscando. Pedí los libros que necesitaba, identifiqué algunos otros que compraré después. Volví por el pasillo para buscarte y… te habías marchado. Perdón, se había marchado. Nunca notó mi presencia, nunca la notaste, ¿cierto? No existí para ti..., para él. Sonreí y pensé que debía escribirlo. Bajé las escaleras pensando en… nada, ya no importa. Te veré de nuevo en otra librería, sin que seas tú. Estoy segura. ¡Te he visto ya en tantos sitios!

Fabs

jueves, 1 de diciembre de 2011

Capítulo I. La reclutadora de ángeles

Siguiendo una idea añeja... la retomo en una historia que me entusiasma mucho, y que ya he ido compartiendo. Aquí el inicio.


Capítulo I. La reclutadora de ángeles







–Somos ángeles, todos lo hemos sido alguna vez; sin alas.

Así comenzaba Lorna Sigaud su conferencia en el Congreso de la Buena Voluntad, en Nueva York. Estuve ahí. Jamás olvidaré la sutil manera en que llegó a mi vida aquel 7 de febrero.

¿Qué esperaba transmitir esa mujer de aspecto afable y en plenitud de la vida, ante un auditorio de escépticos indefinidos y faltos de esperanza? Sin embargo, apenas comenzó a hablar captó la atención del auditorio entero. Dos mil trescientas almas quedaron enganchadas en un minuto..., como yo. Era el congreso más concurrido sobre la Buena Voluntad desde el desastre en Rhode Island, ocho años atrás.

–Perfectamente detectamos a nuestros ángeles, en la calle, en la oficina, en la caseta de cobro, en el supermercado, en un estacionamiento, ¡en cualquier sitio! He visto a los míos, a varios, durante toda mi vida –continuó con seguridad avasalladora en un inglés casi perfecto–. Los ángeles se comunican por todos los medios, de manera presencial o a distancia, ya sea síncrona o asíncronamente. Las tecnologías de información y comunicación, soportan considerablemente sus intervenciones desde hace décadas, con una creciente influencia. Las redes sociales se han convertido en un perfecto campo de acción.

Las ideas que Lorna lanzaba en medio del ánimo internacional, eran inquietantes. El planeta se encontraba sumergido en un caos total desde el advenimiento de la última crisis mundial, luego del terremoto en Japón. La gente necesitaba oír nuevamente sobre la esperanza, necesitaban soluciones tangibles y rápidas, querían que el mundo volviera a ser un lugar al menos parcialmente seguro, como diez años atrás. En este contexto de incertidumbre y blasfemia ante un Dios que parecía ocultarse, ¿a qué se refería Lorna cuando afirmaba que los ángeles se movían en cualquier medio? Los asistentes murmuraban y se preguntaban uno a otro qué sentido tenía esa charla, y si sería una más de tantas hablando sobre la superación personal; ese viejo y trillado tema que para esta época, resultaba aún más irrisorio. Llegué a sentir un poco de pena por ella y por lo que intuía sería la desastrosa presentación para aquellos seres con alma extraviada. Pero no tardé en descubrir mi error.

–Los ángeles entregan sus mensajes por cualquier vía que se les ocurre, o que resulte pertinente, ya sea con gestos, de forma oral o escrita. He sabido de mis ángeles, y de los ángeles de otros, conozco su modus operandi. ¡No hay misterio! Simplemente están ahí, en el momento preciso, enviados por alguien o… atendiendo a un llamado interno, afables, pacientes –hizo una breve pausa para crear expectativa y, remató pausadamente–, “con la expresión correcta, con la palabra precisa; con una acción pertinente”.

Esa última frase la cerró con calidez, hasta con un tono de bondad podría decirse. Quizás trataba de convencernos a toda costa de que alguna vez fuimos ángeles, o de que no era tarde para intentarlo.

¿Ángeles?, ¿qué pretendía la encantadora de almas? Me pregunté desde que inicio la charla. Encantadora, sí, así la reconocí de inmediato. Aun encontrándome en la última fila, también me alcanzó su presencia enfundada en un traje sastre. Esa presencia hechizante que atraparía a varios al final de la charla, incluyéndome.

¿Cómo se atrevía a hablar de este tema de manera tan abierta? Lo intenté varias veces y no logré mayor éxito. Por fin alguien se expresaba en mis términos y en perfecta sintonía. Lorna poseía otros dones: la oratoria, el poder de convencimiento, la atracción de la masas y, dirían algunos amigos, el don de lenguas. Dominaba seis idiomas cuando la conocí, las cuatro lenguas romances, el inglés y el alemán, y se iniciaba en el hindú. Su lengua madre, el español, y… tan sólo tenía 28 años. A esa edad podría decirse que había recorrido el mundo, al menos los países clave. Lorna se convirtió en una reclutadora de ángeles.

–Los ángeles actúan sin tanto revuelo por las causas propias y ajenas, convirtiendo estas últimas en las primeras. ¡Ahí están! Trabajando silenciosamente, prudentes, incansables. Hoy saludé a uno de ellos en el aeropuerto, vi la espalda de otro en el estacionamiento del hotel. Verlos me deja siempre una sensación indescriptible. Pero es preciso aclarar un tema que estoy segura, causa inquietud entre ustedes. Sepan que hablar de ángeles no supone un tema específicamente religioso. No es indispensable practicar alguna religión para ser un ángel. ¿Eres cristiano, judío, budista, musulmán…? ¿Ateo? No importa la respuesta.

Ante esta nueva intervención, la audiencia estalló en rumores discretos. ¿Hablar de ángeles no es un tema de religión?, ¿cómo era posible? Eran las preguntas que circulaban entre murmullos.

–¡Es muy simple! –pronunció de un tajo y se hizo el silencio–. Basta un poco de buena voluntad. Sólo un poco de buena voluntad consigo mismo, y con los demás.
Todas las religiones buscan elevar la esencia del ser humano, buscan llevarlo a la plenitud, a la trascendencia, y aun si no encuentras en qué o en quién creer, quizás existirá una manifestación de valores, de moral, de sentido común. La necesidad de encontrar un sentido de vida...

Cuando Lorna terminó de hablar con las decenas de personas que aguardaron al final de la charla, me acerqué.

–Debes ser Juan, ¿cierto? –me dijo sin dudarlo.

–¡Correcto! –asentí con la cabeza mientras estrechaba su mano–. Me sorprende tu atino -sonreí.

–Créeme, no tiene nada de sorprendente. El profesor Tadeo tiene un fotografía tuya en su escritorio, así que… ¡te reconocí enseguida!

–Entiendo –sonreí un poco, como sucumbiendo y tratando de disimularlo. No era solo una mujer hermosa, también era afable, cálida, un... ángel. Le habría confiado mi vida en ese instante–. ¿Y cómo está el viejo? –continué tratando de atenuar el impacto.

–De maravilla. Tú lo conoces mejor que yo, es feliz en medio de su laboratorio redactando informes de sus últimas investigaciones. La ONU valora su trabajo, creo que es feliz.

–Sí, eso creo. Desearía haber entendido la fuente de esa felicidad cuando niño, me habría evitado uno que otro rencor ahora absurdo pero… a tan corta edad no puedes exigir a un ser humano que comprenda el abandono.

–Quizá será un tema sensible para ambos toda la vida pero… han avanzado mucho al respecto. Eres lo más importante para él, lo has sido siempre, desde que lo conozco no deja de jactarse de “ese hijo brillante que tiene en México”.

–¿Ah sí? Eso es una sorpresa para mí.

–¡Claro! Deja a un lado esa falsa modestia –sonrió.

Continuará…
Fabs

domingo, 27 de noviembre de 2011

Capítulo X. Al fondo del pasillo

Este es un ejercicio de lectura. Un capítulo más de una historia mayor que algún día concentraré. Para leerlo, asegúrese de hacerlo con la música de fondo que aquí inserto, ya que dicha melodía inspiró la historia. Si tiene audífonos, mejor. Cualquier sensación que le deje esta lectura, me gustaría saberla. Sea cual sea.


Gracias a Sara por compartirme esta música.


Capítulo X. Al fondo del pasillo


Lorna cruzó la estancia con inminente inquietud. Lo sabía. Había demasiada calma y rostros serios, tristes, punzantes. La mirada de la recepcionista le advirtió mientras se acercaba y su expresión le desgarró el corazón. Corrió hacia el pasillo que conducía al cuarto de Rodrigo y se detuvo en seco. De su rostro marmóreo escapó un gemido y se apoyó en la pared para no caer. Respiró y avanzó lento para darse tiempo a sí misma. Para asimilar lo que ya sabía. Lo que presintió la noche anterior sin querer aceptarlo. Se lo reprochó. Tampoco sirvieron de nada las noches de preparación para ese momento. De nada. Sentía que el alma se volcaba y retumbaba en su cerebro y por sus venas mientras avanzaba lento por el interminable pasillo, el que había recorrido todos los días anteriores para llevarle esperanza. La agónica esperanza. El fondo del pasillo ahora le parecía inalcanzable. El fondo iluminado por la luz que escapaba de la puerta abierta de aquel cuarto de hospital. Como esperándola. Como anunciándole el final. Como explotándole un fracaso. Parecía que se acercaba a su propia muerte. Avanzaba agónica dando profundos suspiros y con los ojos fijos al final de lo aborrecible. No impedía que las lágrimas fluyeran ni detenía su camino. No las sentía, no se percataba ya de sus sentidos. La pena, la angustia, el enloquecedor dolor también se materializaba en la entrecortada respiración que escapaba por su boca ligeramente entreabierta. Parecía que la historia de aquel hombre la alcanzaba y la estampaba en las paredes obligándola a hacer pausas. Se sentía un ángel perdido. Un ángel absurdo; farsante. El ángel luminoso que había sido para Rodrigo parecía morir con él. Avanzaba y lo imaginaba tendido en la cama. Inerte. –Cierra mis ojos cuando muera– le pidió años atrás. Ella seguía avanzando y se preguntaba si sus ojos seguirían abiertos. Volvió la vista hacia el camino andado. La recepcionista y otros enfermos la miraban de lejos, apesadumbrados, compasivos. Caminó los últimos pasos y alcanzó la puerta de la habitación. Apoyó su espalda en la pared y se deslizó hasta el piso, como el llanto incontenible que cubría su cara y su alma. Miró hacia el interior de la habitación. Ahí estaba él, esperándola con los ojos abiertos.

Fabs

sábado, 26 de noviembre de 2011

La intermitencia del cursor

Decidí escribir… algo. Abrí una hoja de Word y me quedé mirando por algunos segundos el cursor titilante sobre el fondo blanco.

Pensaba escribir algo importante que anudé mientras conducía en la autopista y escuchaba música memorable. De verdad tenía algo importante que escribir. Y no pude. Y no supe cómo.

Y ahora… tras algunas pausas y tras seguir viendo el titilante cursor, caigo en la cuenta de que en realidad es sobre la intermitente ausencia/presencia sobre lo que deseo escribir, aunque aún no sepa cómo. Esa intermitente ausencia/presencia, como el cursor.

Sí. De eso quiero escribir y no sé cómo. Escribir sobre la intermitente continuidad. Sobre la intermitente decisión; la intermitente ilusión; la intermitente oportunidad; el intermitente sueño… y el olvido. La intermitente esperanza.

Concluyo que la ausencia/presencia del cursor mientras titila, es la latente manifestación de la intermitencia emocional. Concluyo que hay una canción de Silvio que ahora me vendría bien.

Fabs

Imagen tomada de:http://uploads.blogia.com/blogs/s/sa/sak/sakkarah/upload/20081203161635-pensativa.jpg

domingo, 23 de octubre de 2011

Sentimientos


Algunos sentimientos mueren solitarios. Otros, nos empeñamos en asesinarlos, y lo logramos luego de luchar terribles batallas. Pero hay otros sentimientos; los inmortales, que ni mueren solos ni podemos aniquilarlos.
Fabs


viernes, 14 de octubre de 2011

Cuando mude la casa


Cuando mude la casa un julio dejaré esta luna y mi cielo, tú mi cielo. Quedarán las campanas de San Isidro llamando a misa el domingo, el mercado en el parque y sus flores, algunos amigos. Empacaré lo vital: los libros, el barro negro, la guitarra y mis canciones; la bufanda de colores, el cuadro rosa y el baúl, mi respiración. Cuando mude la casa, ¡uf, cuando la mude!, desearía dejarlo todo hasta mi nombre para autonombrarme aire.



Cuando mude la casa…, te recordaré junto a la ventana oeste donde aún suelo llamarte y, me despedirá tu sonrisa antigua. Allá me alcanzará la lluvia y quizá este frío, tú no. Te quedarás mirando por la ventana, quizá pensando, quizá juntando algunos retazos... mientras cierro la puerta.


Fabs








miércoles, 24 de agosto de 2011

Basta una palabra

¿Siete palabras? Basta con una: Dios. La gran palabra.
Las seis restantes son satélites que giran en la órbita del gran astro.

En "La rosa y el fuego", de Ignacio Larrañaga.